Un grupo de estudiantes de ingeniería y su profesor recibieron unos boletos de avión gratis para irse de vacaciones.
Cuando ya estaban a bordo, el capitán anunció por el micrófono: “Señores pasajeros, bienvenidos a bordo del avión que los propios estudiantes construyeron”. 

En cuanto escucharon eso, todos los alumnos entraron en pánico total y salieron corriendo despavoridos del avión. 

Pero el profesor se quedó bien tranquilo en su asiento, sin moverse ni un milímetro. 

La sobrecargo se le acercó bien sorprendida y le preguntó: “Oiga, profe, ¿y usted por qué no se baja? Todos sus alumnos salieron volando… bueno, no literalmente”. 

El profesor la miró con toda la calma del mundo y respondió: “Es que yo conozco bien las capacidades de mis muchachos… y le aseguro que esta chingadera ni siquiera va a prender”. 


