La familia Miller adoptó un perro, del tipo Gran Pirineos llamado "Bear". Era enorme, peludo e increÃblemente vago. Si, era como un gran oso, dormÃa 20 horas al dÃa. DormÃa en el sofá, dormÃa en la alfombra, dormÃa en el pasillo, donde fuera que le acomodaba. Si sonaba el timbre de la puerta, Bear ni siquiera levantarÃa la cabeza. Solo habrÃa un ojo, miraba la puerta y volvÃa a dormirse. El señor Miller solÃa bromear: "Tenemos al peor vigilante de la historia. Un ladrón podrÃa robar la tele, y Bear solo pedirÃa un masaje en la barriga.
Pero una noche… todo cambió. Eran las 2 de la madrugada. La casa estaba a oscuras y en silencio. Toda la familia, madre, padre y tres hijos dormÃan profundamente, repente, el señor Miller despertó. Algo pesado le presionaba el pecho. Era Bear. El perro estaba de pie en la cama, lo cual estaba estrictamente prohibido. Gimió un sonido agudo y frenético.
Le arañó la cara al señor Miller con la pata. "Bájate, Bear", gruñó el señor Miller, intentando defenderse del perro de 70 kilos. "Vete a dormir." Pero Bear no se detuvo. Ladró, un ladrido fuerte y atronador justo en el oÃdo del señor Miller. Luego agarró la manga del pijama del señor Miller con los dientes y tiró. Tiró tan fuerte que casi arrastró la manga al señor Miller, lo suficiente para sacarlo fuera de la cama. El señor Miller se enderezó en el suelo alfombrado, con enfado.
"¿Qué te pasa? ",,,
Y fue cuando lo sintió, se sentÃa mareado. Le dolÃa la cabeza. Intentó levantarse, pero sus piernas parecÃan gelatina. Se tambaleó. Miró a su esposa. No se movió.
"¿Cariño?" dijo. No respondió.
Bear salió corriendo al pasillo y volvió a ladrar, mirando hacia atrás al señor Miller. Fue cuando El señor Miller se dio cuenta de que algo iba terriblemente mal. Se tambaleó hacia el pasillo. El aire se sentÃa pesado. virtualmente se arrastró hasta las habitaciones de las niñas. DormÃan profundamente. No podÃa despertarlos. Bear corrió a la habitación de su hija menor. Bear le quitó la manta y la tiró al suelo. El golpe la despertó lo suficiente como para que llorara.
El señor Miller se dio cuenta de lo que era: monóxido de carbono, un asesino silencioso. La caldera estaba perdiendo un gas que no se podÃa oler… Ese padre desesperado, agarró a su esposa y la saco de la casa, volvió por sus hijas. Bear corrÃa de habitación en habitación, ladrando y empujándolos hacia las escaleras. Consiguieron salir tambaleándose por la puerta principal, respirando el aire fresco de la noche. Se desplomaron en el césped, rendidos…
Bear los movÃa animándolos, se movÃa entre y sobre ellos, jadeando, animandolos… Cuando llegaron los bomberos, midieron los niveles de gas en la casa. El capitán negó con la cabeza. "Los niveles eran letales", le dijo al señor Miller:
"Si os hubierais quedado diez minutos más, ninguno de vosotros os habrÃas despertado".
El señor Miller miró a Bear, ese perro grande que ya dormÃa en la hierba, roncando fuerte, el señor Miller apoyó la cabeza en el costado del perro y lloró, se dio cuenta de que Bear no era vago, él estaba guardando energÃa para el único momento que realmente importaba. No era solo una mascota, Bear era un ángel guardián, uno muy grande y con abrigo de piel.
