En un pueblo, dos monjas salieron del convento a vender galletas. Al terminar el día, una le dijo a la otra

 


En un pueblo, dos monjas salieron del convento a vender galletas. Al terminar el día, una le dijo a la otra:
—Hermana, ya está anocheciendo y aún estamos lejos del convento. ¿Se ha dado cuenta de que un hombre nos sigue desde hace media hora?
—Sí, ¿y qué crees que querrá?
—Lo lógico: querrá atacarnos.
—¡Ay, Dios! Calculo que si seguimos a este paso, nos alcanzará en unos 15 minutos.
—¿Qué podemos hacer?
—Lo más lógico es caminar más rápido.
Pero no funcionó. El hombre también aceleró el paso.
—¡Ahora nos alcanzará en dos minutos! —dijo una.
—Lo único lógico es separarnos —respondió la otra—. Tú ve por ese lado, yo por este. No podrá seguirnos a las dos.
El hombre decidió seguir a una de ellas. La otra llegó al convento muy preocupada por su compañera.
Poco después, la segunda monja llegó al convento.
—¡Hermana, gracias a Dios! ¿Qué pasó?
—Pasó lo lógico. El hombre no podía seguir a las dos, así que me siguió a mí.
—¿Y luego?
—Yo corrí lo más rápido que pude… y él también.
—¿Y…?
—Me alcanzó.
—¡Oh, no! ¿Y qué hiciste?
—Hice lo lógico: me levanté el hábito.
—¡Dios mío! ¿Y qué hizo él?
—Él también hizo lo lógico: se bajó los pantalones.
—¡Ay, no! ¿Y luego?
—Pues, hermana… lo lógico: una monja con el hábito levantado corre mucho más rápido que un hombre con los pantalones abajo.
**Moraleja ligera**: A veces, la solución más sencilla —y un poco ingeniosa— es la que nos saca del apuro.
*Nota: Para quienes esperaban un desenlace distinto… ¡siempre es buen momento para sonreír y seguir adelante!*